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Antedecentes

La participación ciudadana en Chile La educación ciudadana en Chile La formación ciudadana en el currículum Plan Nacional de Formación Ciudadana

La participación Ciudadana en Chile

El sistema democrático, tanto en Chile como a nivel mundial, está experimentando una profunda crisis. Aunque los cambios de gobierno se desarrollan pacíficamente, las elecciones se realizan periódicamente y las instituciones políticas cumplen las funciones para las que fueron creadas, al mismo tiempo se enfrenta una profunda crisis de representatividad y legitimidad. La indiferencia hacia la dimensión político electoral se profundiza cada vez más, al punto de que en la actualidad, Chile es el país que presenta el mayor porcentaje de abstención electoral a nivel mundial, bordeando el 58% .

Esta crisis ha tenido su máxima expresión en la actitud ciudadana de los jóvenes. Desde mediados de la década de 1990, se ha observado una creciente y sostenida disminución de su participación político electoral, marginación que se ha profundizado aún más tras el cambio de la Ley Electoral del año 2011, que reemplazó la inscripción voluntaria en los registros electorales y el voto obligatorio, por la inscripción automática y el voto voluntario. Si bien la nueva ley permitió la incorporación automática de todos aquellos que se encontraban marginados del sistema, aumentando el universo electoral en cinco millones de votantes, la voluntariedad del voto para todos aquellos que cumplieran con los requisitos para sufragar [1] , no se tradujo en el esperado aumento de la participación electoral. Los dos procesos eleccionarios que se han desarrollado desde la entrada en vigencia de la nueva Ley Electoral, han presentado los niveles de abstención más altos desde el regreso a la democracia. En las elecciones presidenciales de 2013, la abstención fue del 51% en la primera vuelta, y de un 58% en el segundo balotaje presidencial. Y en las elecciones municipales de 2016, la abstención llegó hasta el 65%.

El interés de los jóvenes por participar en política es bajo, así lo evidencia la VII Encuesta Nacional de la Juventud (2012). Frente a la pregunta sobre el interés que los jóvenes tienen por la política, el 80% de los encuestados reconoce que su interés es bajo o prácticamente nulo. Solo el 18,7% de los jóvenes que participaron en la encuesta, reconocen que tienen mucho interés por la política. En lo que respecta a las instancias de participación, solo un 8% de los encuestados, manifiesta interés por participar en un partido político, mientras el 36,3% declaraba su intención de participar en las elecciones municipales de 2012. Sin embargo, se registra un interés mayor por participar en otros espacios de participación política, como organizaciones comprometidas con alguna causa social, ya que el 49,9% de los encuestados indica que forma parte de ellas, y en espacios de participación no convencionales como las marchas, en las que el 22,6% estaría dispuesto a participar. Finalmente, en lo que respecta a la participación en los espacios políticos que se generan dentro de los establecimientos escolares y de educación superior, solo el 5,5% de los encuestados reconoce su participación en el centro de estudiantes, y un 5,4% participa en agrupaciones o movimientos por la educación.

La participación ciudadana de los sectores juveniles en la actualidad es paradójica. Si bien los jóvenes manifiestan una profunda crítica y desconfianza hacia la institucionalidad y los sectores políticos, al mismo tiempo han desarrollado una activa participación ciudadana de carácter político, fuera de los espacios tradicionales, en las calles y a través de las redes sociales (UDP-Feedback 2011), lo que permitiría inferir que su aversión hacia la política responde más bien a la política partidaria y no a la política en su sentido originario, como el espacio de toma de decisiones que determinan el futuro de la comunidad.

La Educación Ciudadana en Chile

Desde la década de 1990, la formación ciudadana que se desarrolla en las escuelas, ha experimentado importantes transformaciones para poder formar ciudadanos comprometidos con la institucionalidad democrática que se reestablecía después de 17 años de dictadura, y capaces de participar en un mundo cada vez más globalizado y cambiante, como consecuencia de la creciente expansión de la sociedad del conocimiento. Para ello, se impulsó un nuevo modelo de educación ciudadana que buscaba superar a la educación cívica tradicional, enfocada en formar ciudadanos informados, para dar paso a un proceso formativo enfocado en el desarrollo de ciudadanos activos, que cuenten con los conocimientos, habilidades actitudes necesarias para actuar de manera responsable y comprometida con la comunidad.

Este modelo de educación ciudadana exige superar el enfoque didáctico tradicional, centrado en clases expositivas del profesor y en el análisis de los documentos oficiales como la Constitución Política, por ejemplo, para dar paso a enfoques didácticos interactivos, centrados en el aprendizaje de los estudiantes a través de metodologías activas que tiene como protagonista a los estudiantes y generan oportunidades concretas para que ellos participen de manera activa, tanto en el aula, como en el espacio escolar. Este cambio se fundamenta en la premisa de que no es posible formar ciudadanos activos a través de experiencias formativas pasivas. Es decir, si se quiere formar ciudadanos democráticos, tolerantes, con opiniones fundamentadas y dispuestos a participar en los distintos espacios políticos, civiles y sociales que ofrece la comunidad, es necesario que su experiencia escolar sea democrática y participativa. Esto exige que la institución escolar asegure tres situaciones:

  • El desarrollo de metodologías centradas en la investigación, el debate y el diseño consensuado de soluciones a los problemas que se enfrentan a nivel comunitario a través del Aprendizaje Servicio, la Metodología de Proyectos o el Aprendizaje Basado en Problemas.
  • La existencia de espacios concretos para la participación estudiantil en la discusión y toma de decisiones en temáticas que los afectan directamente, ya sea de manera directa o a través de sus organismos de representantes (el Centro de Alumnos, por ejemplo).
  • El desarrollo de un clima escolar democrático, para que los estudiantes puedan experimentar lo que significa tener la libertad de expresar opiniones desde el pluralismo y la tolerancia, es decir, entregando argumentos sólidos y respetando los distintos puntos de vista que conviven dentro de la comunidad.

La Formación Ciudadana en el Currículum

La nueva propuesta de educación ciudadana, también impulsó una serie de cambios en el currículo escolar. Desde la reforma curricular de mediados de la década de 1990, que puso fin a la asignatura de Educación Cívica que se impartía desde las primeras décadas del siglo XX, la formación ciudadana se ha definido desde un modelo curricular mixto, que la aborda, al mismo tiempo, de manera transversal e integrada para asegurar que todos los alumnos y alumnas tengan acceso a ella a lo largo de toda su vida escolar. Este modelo mixto presenta a la formación ciudadana:

  • Integrada al plan de Historia, Geografía y Ciencias Sociales transversalmente desde 1º básico a 4º medio, transformando a esta asignatura en su “columna vertebral”. De hecho, las Bases Curriculares han definido a la Formación Ciudadana como uno de los tres ejes constitutivos de la asignatura, dentro del cual se definen los objetivos y contenidos propios de la educación ciudadana que se deben abordar en cada uno de los niveles de la trayectoria escolar. [2]
  • Integrada de manera parcial en determinados contenidos de otras asignaturas como Lenguaje y Comunicación, Psicología y Filosofía y Orientación.
  • Transversalmente a todo el currículo y todas las disciplinas, por medio de los Objetivos Fundamentales Transversales (OFT).

Plan Nacional de Formación Ciudadana

La implementación del nuevo modelo de formación ciudadana, no ha estado exento de dificultades, ya que ha sido muy difícil llevar a la práctica la propuesta curricular. En primer lugar, los enfoques didácticos desde los que se ha abordado la formación ciudadana, siguieron siendo predominantemente tradicionales, y la transversalidad curricular, al no establecer de manera concreta cómo y cuándo abordarla, en lugar de potenciarla la invisibilizó, generando en las escuelas la sensación de que no existe formación ciudadana en el currículo.

En atención a todas estas dificultades, el Ministerio de Educación, creó el año 2004, la Comisión de Formación Ciudadana, otorgándole la misión de elaborar sugerencias para mejorar la implementación curricular. Esta comisión mantuvo su carácter transversal y a la asignatura de historia, geografía y ciencias sociales como eje clave, hizo una serie de sugerencias orientadas a reorganizar los contenidos curriculares, motivando una serie de ajustes y precisiones a la propuesta original, que se han llevado a la práctica tanto en el Ajuste Curricular de 2009, como en las Bases Curriculares de 2012.

Sin embargo, pese a las modificaciones curriculares, las dificultades señaladas se mantuvieron. Por este motivo, el año 2016 entró en vigencia el Plan Nacional de Formación Ciudadana y Derechos Humanos, que además de reestablecer una asignatura exclusiva para la formación ciudadana en los niveles finales de la trayectoria escolar (3º y 4º medio), exige que todos los establecimientos educacionales creen un proyecto propio de Educación Ciudadana, explicitando la forma en que llevarán a la práctica la transversalidad propuesta en el currículo. Como requisito mínimo, este plan debe incorporar los siguientes elementos:

  • Una planificación curricular que establezca de manera explícita a través de qué asignaturas, en relación a qué contenidos y por medio de qué estrategias, se desarrollará la formación ciudadana.
  • El diseño de actividades extra programáticas que potenciarán la formación ciudadana dentro de la escuela.
  • Las instancias de capacitación de docentes y directivos para abordar las tareas formativas comprometidas.
  • Las actividades a través de las cuales se establecerán los vínculos entre el establecimiento y la comunidad extraescolar.
  • La creación de nuevos y más amplios espacios de participación y toma de decisiones para el alumnado dentro del establecimiento, ya sea de manera directa o a través del Centro de Alumnos.
  • La estrategia para promover el desarrollo de una cultura escolar democrática.

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[1] Chilenos y chilenas mayores de 18 años, que no hubiesen sido condenados a pena aflictiva (3 años y un día de presidio).

[2] Estos niveles formativos solo consideran hasta 2º Medio porque 3º y 4º medio, aún están en proceso de diseño y aprobación.

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