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Las calificaciones en el sistema escolar: problemas y desafíos

Las calificaciones escolares deberían representar el grado de logro de aprendizaje de los estudiantes en las diversas asignaturas. Sin embargo, la escasa correlación que existe entre éstas y otros parámetros de medición del aprendizaje, sugieren ciertas falencias en la asignación de notas, algunas de las cuales se analizan en este artículo.

“Los profesores afectan a la eternidad; nadie puede decir dónde se termina su influencia”, decía hace casi un siglo, el historiador norteamericano, Henry Brooks Adams. Tenía razón entonces y la sigue teniendo ahora. Pero más allá de la influencia permanente en el recuerdo de sus alumnos, en ámbitos valóricos o de comportamiento, hay una marca que cada profesor deja escrita en un papel. Esta marca tiene carácter legal, no caduca, no prescribe y condiciona la libertad de los sujetos para la elección de su destino académico y laboral. Esta influencia explícita y permanente que dejamos los profesores son las notas o calificaciones, en particular, las que se asignan durante la Enseñanza Media.


Desde el punto de vista técnico, la nota es un código que sirve para representar un juicio sobre el logro de determinadas metas de aprendizaje. Sin embargo, en nuestro país (y probablemente en otras partes del mundo también) es habitual que las notas no reflejen el logro de las metas de aprendizajes, en el caso de Chile, establecidas a nivel nacional mediante marcos y bases curriculares. Prueba de esto, es la baja correlación que suele existir entre las notas de los estudiantes en distintas asignaturas y los resultados que obtienen estos alumnos en evaluaciones estandarizadas (nacionales e internacionales) que declaran medir los mismos constructos. Tampoco suele observarse una coherencia entre las notas obtenidas por un estudiante en asignaturas como Lenguaje o Matemática y el desarrollo efectivo de las habilidades involucradas en esas asignaturas al término de la escolaridad. De hecho, cada vez es más frecuente que las instituciones de educación superior incorporen planes de reforzamiento o propedéuticos en el primer año de las distintas carreras para desarrollar habilidades tales como la comprensión de lectura, la escritura, la resolución de problemas, la resolución de ecuaciones, la lectura e interpretación de gráficos, etc.  

¿Qué información entregan entonces las notas escolares en nuestro país? o dicho de otro modo ¿qué se está calificando en las aulas chilenas? Estas preguntas engloban algunas cuestiones sobre las cuales conviene comenzar a reflexionar y pensar en resolver.

¿Cómo hacemos el registro de las calificaciones?

En primer lugar, refirámonos al registro. Las notas escolares normalmente se registran en los libros de clases en función de los temas que abordan las pruebas, de la unidad en estudio que está siendo evaluada o incluso a veces, simplemente, asignando una fecha o un número correlativo. Esta forma de registro genérico impide al profesor del área (y a los profesores de los niveles escolares siguientes) identificar las fortalezas y debilidades del aprendizaje, tanto del curso, como de los estudiantes individuales, pues no se asocian a ningún constructo reconocible, o al menos, a ningún constructo ampliamente socializado, como lo son los objetivos de aprendizaje (OA) del currículum escolar.

Si todos los profesores en cada establecimiento del país asignaran notas según estos parámetros nacionales, no solo podríamos focalizar mejor nuestro trabajo durante el año, sino proponer con evidencia, planes remediales a nivel individual, por curso o incluso por nivel escolar. En esta misma línea, es común que se pida al profesor planificar antes de iniciar el año y, por cierto que se puede definir algunas estrategias genéricas que son independientes de las características de los estudiantes que aún no conoce. Pero ¿se imaginan cómo podría ajustar los tiempos y estrategias si al iniciar el año contara con la información detallada de cuáles son los logros de aprendizaje que traen sus estudiantes?

En otras palabras, cuán mejorable podría ser el trabajo docente si las notas no entregaran solo el dato cuantitativo, sino que este dato permitiera también acceder al desempeño en términos cualitativos. Esto sin contar, con que una propuesta como esta (de registrar una nota por OA) promovería la tan necesaria cobertura curricular de la que carece nuestro sistema y cuya obligatoriedad se establece en nuestra nueva legislación. En efecto, en la Ley General de Educación, se explicita que los profesionales de la educación deben “enseñar los contenidos curriculares establecidos por las bases curriculares y los planes y programas de estudio” (MINEDUC, 2009. LGE. Art. 10c), de lo que se desprende que aquello es lo que se debe evaluar y calificar.

¿Qué información nos entregan las calificaciones?

Ahora bien, esta propuesta de calificar cada OA implica necesariamente construir evaluaciones centradas en cada una por separado. Esto no significa necesariamente que las pruebas deban ser aplicadas en momentos distintos, pero sí requeriría que, frente a cada instancia evaluativa, el profesor distinguiera las preguntas (o elementos a evaluar, en el caso de pruebas no escritas) que conforman cada OA, y que, de cada subconjunto de preguntas o elementos, se obtuviera una nota distinta. Así, podría ocurrir, por ejemplo, que un estudiante rindiera una prueba que evalúa dos OA y de esa evaluación obtuviera dos notas, que se registran de manera separada en el libro de clases. 

Actualmente, cuando se evalúa en una prueba más de un OA y se asigna una sola nota, esa calificación representa un “promedio” de rendimiento que puede esconder realidades muy distintas. Pensemos por ejemplo en la asignatura de Historia en 5° Básico. La segunda unidad plantea, entre otros, los siguientes OA (MINEDUC, 2013):

Explicar los viajes de descubrimiento de Cristóbal Colón, de Hernando de Magallanes y de algún otro explorador, considerando sus objetivos, las rutas recorridas, los avances tecnológicos que facilitaron la navegación, las dificultades y los desafíos que enfrentaron las tripulaciones y el contexto europeo general en que se desarrollaron. (OA 1)

Describir el proceso de conquista de América y de Chile, incluyendo a los principales actores (Corona española, Iglesia católica y hombres y mujeres protagonistas, entre otros), algunas expediciones y conflictos bélicos, y la fundación de ciudades como de la voluntad de los españoles de quedarse y expandirse, y reconocer en este proceso el surgimiento de una nueva sociedad. (OA 2)

Imaginemos una prueba que evalúa estos dos objetivos y digamos que dos estudiantes obtuvieron nota 5,0. Si la prueba hubiera podido distinguir el rendimiento por OA, podría ocurrir que uno de estos estudiantes hubiera obtenido un 3.0 en su habilidad para explicar los viajes del descubrimiento y un 7.0 en describir el proceso de conquista, y que el otro estudiante hubiera tenido el rendimiento inverso (7.0 en sus conocimientos sobre el descubrimiento y 3.0 en su capacidad de describir el proceso de conquista). Cuando no hacemos la distinción y vemos solo la nota 5.0 ¿cómo podemos reparar las dificultades que presenta cada uno de estos estudiantes, considerando que son completamente distintas?

En esta misma línea, cabe preguntarse también qué miden las pruebas así llamadas “globales”, “semestrales” o “de nivel”. Es decir, si cada aprendizaje del currículum fue calificado en evaluaciones parciales ¿qué nueva información podría aportar una prueba que incluye una selección (muchas veces azarosa) de habilidades específicas que no responden a ningún constructo mayor de aprendizaje? Y peor aún, habida cuenta de que los periodos concentrados de evaluaciones en que se insertan estas pruebas generan en los estudiantes un estrés adicional que la mayoría de las veces redunda en una baja en el rendimiento, ¿qué sentido podrían tener estas pruebas “de nivel” en un contexto pedagógico en el que lo que se busca es producir aprendizaje y motivar a los estudiantes para que aprendan?

Avancemos ahora en el otro aspecto, relativo al “qué esconden las notas escolares”. La experiencia de más de 10 años en revisión de evaluaciones escolares y capacitación de profesores en técnicas evaluativas, nos permiten afirmar que las notas escolares no representan solo el rendimiento o grado de logro de los objetivos curriculares, sino que también reflejan (en un grado imposible de determinar), diversas actitudes, conductas o desempeños, que no responden a ningún objetivo de la disciplina. En efecto, es habitual que los docentes declaren que asignan “puntos” o “décimas” a aquellos estudiantes que trabajan en clases, completan el cuaderno, participan de las actividades de aula, etc. También es habitual que se resten “puntos” o “décimas” por entregar fuera de plazo un trabajo, por no presentarse con uniforme completo en educación física, etc. Estas prácticas responden al uso de la evaluación como instrumento de premio o castigo, lo que, desde un punto de vista técnico, desvirtúa la información pedagógica con la que luego el mismo docente toma sus decisiones (ello, sin contar con que además, no constituye una estrategia eficiente para modificar las conductas que se penalizan…baste con pensar en aquel estudiante que en todas las asignaturas se le descuenta una décima porque siempre entrega sus trabajos sucios o tarde… al pasar los años ¿aprende a entregar a tiempo y en buenas condiciones sus productos escolares?... los profesores declaran que normalmente no lo hacen).

Algo parecido a lo anterior es lo que ocurre con otras prácticas frecuentes, como la de descontar décimas por faltas de ortografía acentual en pruebas o trabajos de asignaturas distintas a la de Lenguaje. En esto, quienes somos profesores de esa área, sabemos que existe suficiente evidencia para demostrar que el solo hecho de ser corregidos con marcas en nuestros textos, no basta para mejorar nuestra habilidad ortográfica, pues ello depende del conocimiento de las normas y especialmente de otras habilidades, como la capacidad de separar las palabras en sílabas y reconocer la sílaba tónica.

Visto lo anterior, podemos afirmar que resulta perfectamente explicable que las notas escolares no correlacionen con otras evaluaciones externas, tanto porque las calificaciones escolares “ocultan” información sobre lo evaluado, como porque incluyen información sobre desempeño en ámbitos no relacionados directamente con la disciplina que está siendo evaluada.

Sin embargo,  más allá de explicar este hecho, se requiere enfatizar en sus consecuencias. En este sentido, y a modo de conclusión, diremos que la calificación de conductas o actitudes desvirtúa la información sobre los logros de aprendizaje (altera arbitrariamente el juicio pedagógico del propio profesor) y como tal, atenta contra la capacidad de tomar decisiones pedagógicas correctamente orientadas. Por su parte, la evaluación y posterior registro de calificaciones, sin una claridad “cualitativa” sobre lo que representan, impide a los profesores diseñar adecuadamente los eventuales remediales y planificar con antelación, pero especialmente, redunda en una imposibilidad para analizar (y con ello, asegurar) una adecuada cobertura del currículum.

En síntesis, no es posible mejorar los resultados de la enseñanza que se imparte en los establecimientos de nuestro país, si no se tiene evidencia confiable sobre cuánto realmente están aprendiendo los estudiantes. Si al menos resolvemos los dos aspectos mencionados en este artículo, estaremos más cerca de que las calificaciones cumplan la función que les corresponde, esto es: representar el grado de logro de los aprendizajes. Pues sabemos que en esta problemática la calidad de la construcción de los instrumentos de evaluación escolares es otra arista fundamental para obtener evidencia confiable sobre cuánto aprenden niños y jóvenes en Chile.

REFERENCIAS MENCIONADAS

  • MINEDUC  (2009): Ley 20370: Establece la Ley General de Educación, Santiago de Chile.
  • MINEDUC (2013): Historia, Geografía y Ciencias Sociales. Programa de Estudios 5° Año Básico. Historia, Geografía y Ciencias Sociales. Programa de Estudio para Quinto Año Básico. Decreto Supremo de Educación Nº2960/2012. Unidad de Currículum y Evaluación. Santiago de Chile.
  • Sinharay, S., S. Haberman y G. Puhan (2007): “Subscores based on classical test theory: To report or not to report”, Educational Measurement: Issues and Practice, vol.26, N°4, Wiley Online Library.

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Breve Descripción Las calificaciones escolares deberían representar el grado de logro de aprendizaje de los estudiantes en las diversas asignaturas; sin embargo, la escasa correlación que existe entre éstas y otros parámetros de medición del aprendizaje, sugieren ciertas falencias en la asignación de notas, algunas de las cuales se analizan en este artículo.
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Idioma Español (ES)
Autor Educarchile - Ana María Amengual
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