educarchile - Portada
EducarChile - DesarrollaT

Liceo técnico de Valparaíso desarrolla exitosa iniciativa de integración con empresas locales.

El proyecto Alternancias del Instituto Marítimo de Valparaíso busca dar a sus estudiantes la oportunidad de formarse en contextos reales de trabajo y aumentar su empleabilidad futura.


•    El proyecto Alternancias del Instituto Marítimo de Valparaíso busca dar a sus estudiantes la oportunidad de formarse en contextos reales de trabajo y aumentar su empleabilidad futura.
•    La experiencia obtuvo el primer lugar en el concurso “DesarrollaT: Innovación y buenas prácticas TP”, convocado por Anglo American y Fundación Chile.

La necesidad fue el principal detonante que llevó al Instituto Marítimo de Valparaíso, un liceo técnico-profesional dependiente de la Corporación Municipal de Valparaíso, a innovar en sus prácticas educativas. La falta de recursos y equipamientos, sumado a la necesidad de que los alumnos tuvieran experiencias reales de trabajo, hizo surgir el proyecto Alternancias, que incorporó a empresas privadas y otros organismos locales en la formación de los estudiantes. La iniciativa fue premiada en la tercera versión del concurso “DesarrollaT: innovación y buenas prácticas TP”, organizado por Anglo American y el Centro de Innovación en Educación de Fundación Chile.

Uno de los objetivos de este proyecto es “preparar a los alumnos en contextos reales de trabajo, con maquinarias, equipos e insumos adecuados para los aprendizajes esperados”, explica Edmundo Sepúlveda, jefe de formación profesional del Instituto Marítimo de Valparaíso. Por otro lado, la iniciativa busca desarrollar habilidades sociales y hábitos laborales en los estudiantes, además de mejorar la empleabilidad de los futuros egresados.

La modalidad, que partió en 2001 como un piloto y se formalizó en 2003, consiste en que empresas productivas y otros organismos acojan a estudiantes de distintas especialidades para desarrollar módulos específicos de formación. Para eso, se requiere que la empresa nombre un maestro que guíe al joven en el desarrollo del módulo, el cual es monitoreado por el profesor a cargo.

En el establecimiento afirman que esta experiencia les ha permitido mejorar una serie de indicadores vinculados con el perfil de egreso de sus estudiantes y su posterior empleabilidad, alternando el liceo y la empresa como lugares de aprendizaje. Por ejemplo, durante 2013, aumentó en un 80% la cantidad de alumnos que reciben aportes para movilización por parte de las empresas, lo que representa un importante apoyo para la continuación de sus estudios.

Esto contribuyó al aumento en el egreso de alumnos con condiciones satisfactorias: El 90% de los egresados aprobó todos sus módulos. Además, casi el 91% de los estudiantes realizan su práctica y finalizan sus procesos de titulación.

En cuanto a la inserción laboral, durante 2013 el Instituto consiguió que el 63% de los egresados de las distintas especialidades consiguieran un puesto de trabajo en las empresas donde realizaron sus prácticas profesionales. En la institución esperan que ese porcentaje llegue al 70% una vez finalizado 2014.

Desde 2003 en adelante, la modalidad de alternancia se fue extendiendo progresivamente en distintas especialidades que imparte el Instituto. Hoy se aplica en elaboración industrial de alimentos, mecánica automotriz, servicio de alimentación colectiva, laboratorio químico y operación portuaria.

Un esfuerzo de articulación

La implementación de este proyecto significó un importante desafío para el liceo, pero para también para las empresas que apostaron por él.  Para lograr el éxito, explica Sepúlveda, es necesario explorar pedagógicamente la experiencia de ambas instituciones definiendo potencialidades, carencias y virtudes en cada caso. “El objetivo general de la alternancia es incorporar en el proceso de formación profesional de los jóvenes las potencialidades formativas de la empresa y de otras organizaciones relevantes de la comunidad”, agrega.

Para seleccionar aquellos módulos que se desarrollarán en la empresa, ambas contrapartes deben realizar un análisis muy riguroso, que han denominado como “Radiografía curricular”: implica estudiar los requerimientos de aprendizaje para cada módulo y el equipamiento que se necesita para su logro, contrastándolo con las posibilidades que ofrecen en liceo y la empresa. “Esta tarea requiere que los docentes tengan información muy actualizada del sector productivo y de las empresas con las cuales mantienen una vinculación permanente a través  de  las prácticas  profesionales”, explica Sepúlveda.

Más información en: www.educarchile.cl/desarrollat