La misión del maestro
Fotografía color de semiperfil del rostro de Gabriel Castillo

Demora mucho darse cuenta de que hay que construir la justicia. Y que uno mientras no tenga eso claro comete errores, y que el que trabaja en educación es un hombre cuya misión es decirle al otro: "Tenemos que construir una sociedad más justa". Y usted tiene que mostrarle que lo está haciendo, porque si no, no tienen por qué creerle. Es demoroso, es largo, pero yo diría que no hay otra alegría más grande.

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Dibujo de la silueta del Quijote a caballo junto a Sancho, autor: Salvador Dalí

"Y dice mi mamá: " Este es un Quijote " y yo creo que mi mamá está hablando bien de mí. No está hablando mal, está pensando que yo soy un tipo como un Quijote, que quería un mundo justo, que quería luchar por aquellos que no tenían defensores. Bueno, eso creo yo. Pero usted hace un control de lectura en que pregunta toda clase de tonterías, menos qué es ese hombre".

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Fotografía color de perfil del rostro de Gabriel Castillo

"... yo digo que creo en una sociedad de justicia, donde habrá más justicia de la que hay ahora. Yo soy profesor de Lenguaje y lo digo más torpe. No hay que ser profesor de Lenguaje para decir bien las cosas. Hay que tenerlas adentro. Si usted las tiene dentro, le van a salir..."

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Entrevista a Gabriel Castillo, profesor y Premio Nacional de Educación 1997.

Desde que entró a la Universidad Católica y luego al equipo pionero del CPEIP de 1969, Gabriel Castillo despertó muchas vocaciones en el mundo de la educación, enseñando a los nuevos profesores que su misión es crear justicia. Algo que aprendió de grandes maestros, como Alberto Hurtado, y de los niños de las escuelas de nuestro país que, como él dice, llegan a aprender y se encuentran con un sistema injusto, que muchas veces ya ha decidido quién saldrá adelante y quién no... a menos que su profesor, en ese pequeño mundo de la sala de clases, recuerde su misión de hacer justicia, o la escuela anticipe un verdadero cambio en la sociedad chilena.

La siguiente conversación se realizó en el Programa de Aseguramiento de Aprendizajes Básicos del CPEIP, cuya dirección está en manos de este profesor de Lenguaje. Quisimos dividir en dos la entrevista y comenzar por el final, cuando Gabriel Castillo nos regaló la anécdota del gran error que transformó en aprendizaje:

GC: Hubo un tiempo en que yo había visto que la gente hacía leer El Quijote y después hacía controles de lectura: capítulo XIV, capítulo XX, capítulo XXVIII. Los alumnos los leen y usted hace un control de lectura. Yo hice lo mismo. Pero me encontré con un niño que estaba al frente mío en un curso de 52 alumnos. Él tomaba su hoja, veía las preguntas, firmaba, sacaba la hoja y me la dejaba encima de la mesa. ¿Qué significaba? -" No pienso trabajar "- eso pasó una vez. Yo ya había aprendido tantas cosas que aguanté y dije "si me la hace por segunda vez voy a tener que hablar con él". Una semana después, hago el segundo control y el mismo muchacho de primera fila pesca su prueba, la firma y sin contestar nada me la tira por la cara. Entonces lo llamo aparte y le pregunto: ¿Qué es lo que pasa?, porque usted no sabe si es culpable o no. Han pasado tantos años, y usted ha cometido tantos errores que no está para decirle: ¿Qué pasa? No. Parece que fuera insolencia, parece que fuera mala conducta, parece que fueran otras cosas, pero como ya me había tocado aprender eso, prefiero tomar el otro camino y decir: ¿Qué es lo que pasa?

- "No puedo soportar un mal profesor", me dice. "Mire, yo quiero ser pintor, no tengo más ropa que la que ando trayendo (era de los más pobres del curso) y quiero ser pintor. En mi casa me dicen que cómo puedo ser tan imbécil. Un pobre no puede ser pintor, que de qué voy a vivir, que los cuadros no se venden, que por qué no tomo otro oficio... Y dice mi mamá: " Este es un Quijote " y yo creo que mi mamá está hablando bien de mí. No está hablando mal, está pensando que yo soy un tipo como un Quijote, que quería un mundo justo, que quería luchar por aquellos que no tenían defensores. Bueno, eso creo yo. Pero usted hace un control de lectura en que pregunta toda clase de tonterías, menos qué es ese hombre."

Entonces yo le explico que en un control de lectura lo que usted está tratando de saber es si efectivamente leyeron o no leyeron. En el afán de controlar la lectura, usted hace muchas preguntas sensatas y otras preguntas tontas, porque no quiere correr el riesgo de que alguien no haya leído nada y se vaya a salvar hablando las maravillas de Don Quijote, porque vio una película y salió del paso. En cambio si uno entra en el detalle del capítulo XXI no va a saber qué hacer.

Y él me dice: "O sea si usted quiere averiguar eso ¿por qué no estudió para policía?... yo creo que usted está perdido. Llevamos tres años tratando de hacer de un profesor un maestro y no hemos avanzado gran cosa. Le hemos dicho cómo tiene que hacer las cosas, cómo tiene que mostrarlas, pero no hay caso, a usted le da por andar controlando si hicimos esto, si hicimos lo otro..."

Entonces cuando yo ya estoy en el suelo, derrotado, le digo: "Entiendo todo" (un maestro no es un controlador, es un suscitador, es un tipo que levanta el alma de la gente). Y me dice: "Ahora que usted entendió, ahora que usted se atrevió a preguntarme, se ha hecho digno de que yo le enseñe algo que antes habría sido inútil. Usted como profesor tiene un sola manera de saber si uno hizo o no hizo algo... son cortos de inteligencia, no saben más que sus tecniquitas para saber si aprendí o no aprendí. Pero mire, yo tengo otra manera, usted sabía que a mí me gustaba la pintura, pero se olvidó de eso..." - y fue a su banco, sacó cinco cuadros hermosos: capítulo XIV, capítulo XXV, capítulo XXII... - y mostrándolos me preguntó: "¿Los leí o no los leí?"

¿Este alumno realmente existió?

Sí, existió, por cierto, se lo estoy contando tal cual, lo tengo tan presente. Pero eso me pasó unas veinte veces.

¿A un profesor le pasa unas veintena de veces?


A mí por lo menos, sí. A otros puede que no. Yo no me meto con los otros profesores. Pero un profesor que comete errores por no haberse metido en los sustantivo, que ha olvidado lo esencial, para lo que usted ha nacido... Una cosa es que usted lo piense en su cabeza y otra cosa es que le salga de aquí (apuntando a su pecho)... tiene que pasar por el corazón. Tiene que salírsele de la cabeza e irse para dentro. Tiene que aprender a vivir que el magisterio es otra cosa que pasar materia. Esto lo saben todos los maestros que hay en el país. Cada uno de ellos le podría firmar esto que le estoy diciendo. Demora mucho darse cuenta de que hay que construir la justicia. Y que uno mientras no tenga eso claro comete errores, y que el que trabaja en educación es un hombre cuya misión es decirle al otro: "Tenemos que construir una sociedad más justa". Y usted tiene que mostrarle que lo está haciendo porque si no, no tienen por qué creerle. Es demoroso, es largo, pero yo diría que no hay otra alegría más grande.

¿Quién le dijo a usted que ésa era la misión?

Es muy claro. Sería largo de explicar, tendría que llegar a Isaías, pero en el libro Educación y anticipación cito la Carta Segunda de Pedro, donde se va a encontrar con la siguiente afirmación: "Pero nosotros creemos en un cielo nuevo y en una tierra nueva en donde tiene su morada la justicia". Y Pedro es un cabeza dura, no era para ponerlo de profesor en ninguna parte. Era muy cuadrado de cabeza, a cada rato dejaba la embarrada... hasta el último momento coge una espada y le corta una oreja a un soldado... ¡ése no había entendido nada de nada!. (se ríe) Este pobre Pedro que de repente ha entendido -como ese alumno que es demorón en entender, pero que al final la agarró- dice en esa carta lo sustantivo: "Pero nosotros...", él empieza con un pero, porque le dirían "no sabe que la sociedad es así, que la gente es así, que a usted lo pueden matar, que siempre le va a pasar esto o lo otro y el mundo va a ser siempre así, etc...". Pero Pedro dice: "lo que pasa es que nosotros creemos en un cielo nuevo y en una tierra nueva, donde tiene su morada la justicia". Yo lo digo de manera más torpe, yo digo que creo en una sociedad de justicia, donde va a haber más justicia de la que hay ahora. Yo soy profesor de Lenguaje y lo digo más torpe. Pero Pedro lo dice hermosamente. No hay que ser profesor de Lenguaje para decir bien las cosas. Hay que tenerlas adentro. Si usted las tiene dentro, le van a salir.


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