Una mirada a la Jornada Escolar Completa

En la actualidad, 7391 establecimientos (el 80% de los planteles subvencionados del país) ya tienen jornada escolar completa o disponen de los recursos para entrar a ella. Esto significa que 2.272.000 estudiantes tienen o tendrán próximamente más horas de clases (75 % de la matrícula subvencionada).


"Más tiempo no significa más clases", subraya Sergio Martinic. "En otros países, se ha demostrado que más tiempo también puede ser más ocio sano, que permita al alumno realizar actividades recreativas o de desarrollo personal que tengan un efecto importante en el aprendizaje, porque le van a ayudar a estar motivado, mejorar la auto estima y la seguridad en sí mismo".


"El problema no es más matemática y lenguaje, sino cómo esos contenidos tienen significación y no son repetidos como una lata perenne".

"Resultado satisfactorio, pero es capaz de más", podría ser el comentario de un profesor al analizar la Jornada Escolar Completa (JEC) a la luz de los resultados de la última evaluación que hizo la Universidad Católica de Chile a la extensión del horario de clases.

De acuerdo al estudio, 77 de cada 100 docentes están de acuerdo o muy de acuerdo con la JEC y el 59% de ellos la pondera con notas de 6 a 7. Esta amplia aprobación se extiende a los demás actores de las comunidades escolares, que en promedio califican a la jornada extendida con un 5,6, nota levemente superior a la que obtuvo en 2001 (5,5) en un estudio de similares características.

El estudio de la Universidad Católica abarcó encuestas a directores, jefes de UTP, docentes de aula, alumnos y apoderados de 727 establecimientos municipales y particulares subvencionados que tienen jornada extendida desde hace un año a lo menos. También incluyó un registro detallado del uso del tiempo, a partir del cual es posible constatar que en la enseñanza básica, un 26,9% de las escuelas desarrolla clases más allá de lo que establece la norma. Puntualmente, para enseñar los contenidos del Plan de Estudios (sectores y subsectores), las escuelas encuestadas destinan en promedio 30,7 horas semanales, 2,7 horas más del tiempo previsto.

En Enseñanza Media, los establecimientos tienen en promedio una jornada pedagógica semanal que supera en 30 minutos la normativa. Casi la mitad (49,5%) de los liceos científico humanistas destina más horas de las programadas al Plan de Estudios, especialmente para lenguaje, matemáticas y ciencias. En cambio, un 53% está bajo la norma en el tiempo de libre disposición (espacios para ser llenados por definiciones del propio establecimiento). En promedio, 1,2 horas semanales del horario de libre disposición se destina a aumentar las horas para enseñar las asignaturas de base.

En los liceos técnico profesionales también hay más horas de clases de lo previsto, aunque es menor el porcentaje (24,6%) de colegios bajo la norma en los espacios de libre disposición (en promedio, 0,69 horas del tiempo de libre disposición se suma a las horas de los sectores y subsectores).

Este registro confirma la percepción de los alumnos, especialmente los de enseñanza media, de que el tiempo adicional de la JEC se ha destinado preferentemente a lenguaje (58,8%) y matemáticas (64,5%).

HORAS POCO EFECTIVAS Y AGOTADORAS

No obstante esta presencia privilegiada en la carga horaria adicional, el sistema escolar no percibe que esto produzca mayor efecto en el mejoramiento de lenguaje y matemáticas. En cambio, el agotamiento de alumnos y profesores es visto como uno de los principales problemas de haber aumentado el horario de clases en 200 horas promedio al año, equivalentes a 6 semanas adicionales de clases. Para el 34% de los docentes de educación media encuestados, este agobio es "muy grave".

A juicio de Sergio Martinic, Jefe del Programa de Doctorado en Ciencias de la Educación de la Universidad Católica, es evidente que "no se han resuelto problemas de fondo. Hay más tiempo, pero no se ha cambiado la cultura del uso y manejo de ese tiempo. Se está haciendo casi lo mismo durante más horas y eso tiene un límite de resistencia tanto para el profesor como para los jóvenes. Estas son luces rojas".

Sólo los padres no perciben el agotamiento como efecto de la JEC, pese a que informan que al horario de clases hay que añadir que los niños necesitan en promedio entre una y dos horas para hacer sus tareas en el hogar, tiempo que se extiende a más de dos horas, en el caso de los alumnos de enseñanza media. Apenas el 16,3% de los padres está en desacuerdo con los horarios y de ellos, solamente la mitad argumenta que no les gusta porque la jornada es demasiado extensa.

"Que el agotamiento de los jóvenes sea culpa de la JEC, no lo veo tan probado", opina Juan Eduardo García Huidobro, director de la Escuela de Educación de la Universidad Alberto Hurtado, según quien "la JEC pone mayores exigencias pedagógicas y obliga a sintonizar mejor con la juventud". En su opinión, educar a jóvenes es siempre complejo, entonces "si la jornada corta es aburrida para ellos, más aburrida se les hará la larga".

El asunto no se resuelve sólo con mejorar la forma de enseñar, continúa. "Conversé en estos días con directores de establecimientos y coincidimos en que el ambiente del colegio y la sala de clases, la participación de los jóvenes, el efectivo aprovechamiento de los consejos de curso, la libertad del Centro de Alumnos para desarrollar proyectos, las iniciativas que imaginen directivos y profesores, son tan importantes como las prácticas docentes".

EL EFECTO PSU

Para García-Huidobro, sería importante analizar una variable independiente de la JEC y que tiene que ver con el "efecto no deseado de la PSU, que consiste en uniformar los contenidos que se enseñan, con el peligro de generar una enseñanza secundaria que deja de lado la diversificación de 3º y 4º medio que –como me decía una directora- era una de las cosas bonitas del actual currículum".

En relación a este punto, una paradoja que revela el Estudio de la Universidad Católica, es que para los alumnos, la mayor insatisfacción (73%) respecto del uso del horario de clases es que encuentran que es poco el tiempo que se destina a la preparación de la PSU, que precisamente se vincula con más contenidos de matemáticas y lenguaje. Le siguen en este "ranking de desencanto juvenil" el escaso tiempo dedicado a tecnología y computación (60%), actividades recreativas (57%) y deportivas (55%), formación valórica (52%) y superación personal (51%).

Para el Directivo de la Universidad Alberto Hurtado, esto se explica porque para los jóvenes, "el problema no es más matemática y lenguaje, sino cómo esos contenidos tienen significación y no son repetidos como una lata perenne".

Concuerda con él Martinic: "Ellos ven la preparación de la PSU como el entrenamiento al que acceden los jóvenes de clases media y alta, entonces, tal vez, en lugar de decirles que asistan a Matemáticas porque les va a servir para la PSU, lo mejor es conectarse con la cultura juvenil y decirles que van a ir a un preuniversitario y en ese formato, enseñarles matemáticas".

DIFERENTES PERCEPCIONES EN BÁSICA Y MEDIA

Con todo, la evaluación de la JEC arroja que 8 de cada 10 profesores opinan que ampliar el horario de clases ha tenido un efecto positivo de importancia en el aprendizaje, la motivación y entusiasmo de los alumnos.

En esas respuestas coinciden los docentes de enseñanza básica y media. No así cuando se refieren al uso del tiempo escolar, Si bien para el 71% de todos los profesores encuestados, éste no es un problema, sí lo es para 4 de cada 10 docentes de educación media.

Otro tanto ocurre con algunas respuestas estudiantiles:
· Mientras el 74,6% de los alumnos de educación básica considera que ha mejorado su rendimiento escolar con la JEC, sólo 4 de cada 10 opinan eso en enseñanza media.
· El 71,9% de los niños dice que con el horario extendido puede participar en actividades que le interesan, respuesta en la que coinciden solamente la mitad de los jóvenes.
· 66 de cada 100 niños van motivados al colegio con la JEC; mientras que en la Media son apenas 33.
· Con la JEC la enseñanza es más interesante, opina el 66,4% de los alumnos de básica; están en desacuerdo 58 de cada 100 jóvenes.